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No es magia, es el software líquido

No es magia, es el software líquido

Por la mañana, utilizas cualquiera de tus dispositivos y hay aplicaciones actualizadas. Ocurrió durante la noche, tal vez. O quizás mientras estabas usando otras app. Son acciones que suceden sin que lo notes. Hace años, lanzar una actualización de un programa era un momento crucial para los programadores y creadores, ante el riesgo real de que no funcionara o que se dañara lo que ya existía.  

En un mundo que depende cada vez más de la tecnología, parar por unos segundos para hacer una actualización ya no es una opción. 

Un botón, un par de píxeles más grandes o un nuevo emoji en WhatsApp conlleva el trabajo de equipos de ingenieros, programadores y diseñadores, entre otros. El software líquido conlleva ir un paso más adelante. Contar con esto permite a los equipos lanzar sus actualizaciones varias veces al día e implementar nuevas funciones sobre la marcha, sin preocuparse por la seguridad o las consecuencias en la experiencia del usuario. 

“El software ya ejecuta prácticamente todo lo que hace que la sociedad moderna funcione. Existe una demanda de sistemas que sean cada vez más receptivos y versátiles”, escriben en su libro Liquid Software Yoav Landman, Fred Simon y Baruch Sadogursky, expertos en arquitectura de software.

“Las actualizaciones deben suceder con mayor regularidad, ya sean nuevas funcionalidades o parches. La única forma práctica de adaptarse a estas crecientes y aceleradas demandas es hacer que el software sea más líquido” afirman.

Además, las constantes actualizaciones, nuevas funcionalidades o parches, son una manera eficaz, eficiente y efectiva de protegerse de los ciberataques. 

Uno de los objetivos del software líquido es minimizar los esfuerzos adicionales que surgen de la propiedad de múltiples dispositivos (por ejemplo, instalación, sincronización y mantenimiento general de ordenadores personales, teléfonos inteligentes, tabletas, pantallas para el hogar y el automóvil y dispositivos portátiles), mientras se mantiene a los usuarios en total control de sus dispositivos, aplicaciones y datos.

“La entrega continua, fluida (líquida) y el despliegue de actualizaciones, por otro lado, es como el flujo constante e interminable de un arroyo o río. El proceso incluye el seguimiento de este flujo y la interactividad incesante con el software que se actualiza continuamente”, resumen los autores del libro Liquid Software.

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